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Trabaja cuando quieras aplazar
Debido a que somos bastante malos prediciendo el futuro, y por lo tanto, casi inconscientes de las consecuencias de nuestras acciones actuales, somos magníficos dejando las cosas para más tarde. Incluso sabiendo que nos lamentaremos más tarde, lo haces de todos modos porque no puedes (de momento) sentir el dolor inevitable que es resultado directo de tu dilación: trabajo deficiente, sin terminar y estrés. Hay varios métodos que ayudan a combatir las postergaciones, pero nada engaña más a la mente para querer trabajar como usar el arma más poderosa contra la procrastinación en sí: la emoción.
Aplazamos el trabajo porque queremos satisfacción inmediata. Cuando te enfrentas a un futuro incierto sin emociones asociadas, tiendes a elegir la felicidad que puedes obtener en ese momento. Es más, retrasar la recompensa sólo incrementa el deseo de obtenerla. Para hacer del trabajo una prioridad, es necesario que parezca más gratificante que estar en Facebook o ver la televisión. Conseguirás esto explicándote por qué quieres hacer algo más que simplemente sabiendo qué tienes que hacer.
Por ejemplo, dite que quieres hacer la colada ahora mismo porque tu camiseta favorita está sucia y mañana quieres verte lo mejor posible. Te importa ir bien vestido porque tienes una reunión importante y quieres sentirte seguro. Cuando se tienen en cuenta los motivos que hay detrás de una acción que se quiere tomar, se desatan inevitablemente las emociones asociadas a ella. A menudo esto es suficiente para convencerse de empezar la tarea, y empezar lo es todo.
Lo que te mantiene trabajando es la curiosidad. (Si necesitas pruebas, visita esta página y mira si puedes ganar.) Si bien hacer la colada no va a inspirar tu sentido de admiración, puedes engañar a tu cerebro cuando se trata de las grandes tareas, las menos tediosas. La clave es proporcionar a tu cerebro suspenso o, más específicamente, no pares de trabajar cuando acabes con una tarea, detente en la mitad. Hacer esto te mantiene pensando en cual será el siguiente paso. Esto no sólo provoca afán por reanudar el trabajo que dejaste a mitad, sino que te permitirá solucionar problemas cuando no estés trabajando. Al revertir el mayor activo de la dilación contra sí mismo y permaneciendo curioso indefinidamente, tendrás menos problemas a pesar de cualquier distracción que pueda subyacer.
Socializa con más eficacia
Nadie nace con una personalidad magnética e impecables habilidades sociales. En ocasiones estamos cansados y no nos esforzamos por cautivar a la gente. Cuando estás en esa situación, usa un par de tareas simples para empujar a tu cerebro y cuerpo a una postura más social.
Primero, el ejercicio es tu mejor amigo. Te ayuda a conseguir el estado de ánimo para una situación social porque proporciona beneficios cognitivos, tales como un efecto similar a los antidepresivos y niveles menores de ansiedad. Esto hace que sea más fácil sentirse feliz y menos inhibido cuando socializamos. De hecho, la carencia de actividad física dificulta pensar adecuadamente. Así que no sólo estás ganando una mejor capacidad social, además contrarrestas efectos negativos. La buena noticia es que éstos beneficios básicos requieren de poco trabajo. Con unas 20 flexiones o una caminata a paso ligero basta. (Aunque una rutina completa sería lo ideal).
Socializar es más sencillo cuando te sientes bien, y el ejercicio ayuda a mantenernos felices mediante la producción de endorfinas. Aunque no sabemos todo lo que hay que saber sobre esta sustancia, entendemos que desempeñan un papel importante a la hora de incitar una respuesta placentera y bloquear transmisiones de señales de dolor. CómoFuncionanLasCosas explica cómo la actividad física desencadena esta reacción química en el cerebro.
Hacer ejercicio estimula la producción de endorfinas. Probablemente estés familiarizado con el término “Euforia del corredor”, que se refiere a las sensación de euforia que a veces se obtiene al practicar ejercicio. Investigadores han descubierto que el entrenamiento de pesas ligero-moderado o el cardiovascular no produce endorfinas, únicamente el levantamiento de pesos pesados o entrenamientos con sprints o cualquier otro ejercicio anaeróbico.
La desventaja obvia es que hacer poco ejercicio no va a proporcionarte muchas sustancias químicas que mejoren tu felicidad, por lo que deberás trabajar duro para obtener ese beneficio.
Además del ejercicio, preparar tu cerebro usando programación neurilingüística (PLN) puede propocionarte la mentalidad adecuada. Se trata de recitar un determinado conjunto de palabras diseñadas para alterar la manera en la que piensas. Puede parecer poco creíble, y no eres la primera persona que lo piensa pero la PLN está respaldada por estudios de Yale. No existe una prueba clara de que esta técnica funcione, pero puedes probar a usarla cuando necesites autoconvencerte de hacer algo. Si no te gusta esta técnica, puedes conformarte con hacer ejercicio.
Haz que el ejercicio sea más fácil
Muchas personas nacen con aspiraciones de buena salud y estado físico, pero pocas con el deseo real de hacer ejercicio. Es agotador, lo que lo convierte en un objetivo perfecto para las excusas. Pero al igual que el cerebro puede descubir formas de mantenerte alejado del ejercicio, puedes tomar medidas para ignorarlas.
Como con todo, la clave está en llevar a cabo una acción para empezar, ya que esto alertará al cerebro de que realmente vas a hacer ejercicio. Uno de los puntos de partida más simples es tomar algo de cafeina. Aunque esta sustancia tiene numerosos efectos en el cuerpo y cerebro, en cantidades pequeñas, ayuda a ignorar la fatiga muscular. Además, estar un poco más alerta ayuda a lograr la energía que necesitas para superar un entrenamiento duro. El té es una opción ideal, ya que contiene teobromina y teofilina, sustancias que relajan los músculos. Con estas dos acciones simples, se dá el primer paso hacia el ejercicio y una pequeña ventaja al realizarlo.
Aunque decidirse a empezar es la parte más dura, mantener la motivación, es a veces, un desafío. Un estudio realizado en el Instituto de Investigación para el Deporte y Ciencias del Ejercicio en la Universidad John Moores en Liverpool encontró que nos esforzamos más cuando hacemos ejercicio escuchando música con un ritmo de entre 120-140 BPMs (Beats per minute). Existen varias fomar para medir los BPMs de las canciones, pero puedes evitar hacer la medición usando Jog.fm. Esta herramienta te ayuda a descubrir tu uptempo, energizando la música que te ayudará a mantenerte en movimiento. Una lista de reproducción de ritmo rápido no hará necesariamente que realizar el ejercicio sea más fácil, pero te ayudará a realizar el último esfuerzo para terminar el entrenamiento.
Usa estos trucos con moderación, o dejarán de funcionar
Hay un pequeño problema con estos consejos, si se usan con demasiada frecuencia, empezarán a fallar. Al principio, permitirás engañarte a ti mismo, pero en el momento en que estas técnicas se hagan demasiado familiares, se corre el riesgo de reducir su eficacia. La moderación es la clave. Puedes ayudarte usando estos trucos cuando los necesites, pero no los uses todo el tiempo.
Fuente: LifeHacker




